Dedicar recursos a la “des-extinción” de animales desaparecidos puede reducir la financiación para defender a especies en peligro

Científicos de la Universidad de Harvard (Estados Unidos) dieron a conocer a mediados de febrero una nueva fase del proyecto de recuperar el mamut lanudo (Mammuthus primigenius), una especie que se extinguió hace unos 4.000 años. Según el profesor George Church, líder de este proyecto, los trabajos de “des-extinción” de esta especie podría completarse en unos dos años.

Los intentos de resurrección o recuperación de especies extinguidas como el mamut lanudo han provocado numerosas polémicas científicas durante los últimos años. Esta semana, un grupo de investigadores encabezado por los profesores Joseph Bennett, de la Universidad de Carleton (Canadá), y Hugh Possingham, de la Universidad de Queensland (Australia), pone más leña al fuego con un artículo crítico publicado en la revista Nature Ecology and Evolution .

El lobo marsupial o tilacino (‘Thylacinus cynocephalus’) se considera extinguido desde 1936 (WP)

El equipo de Bennett y Possingham ha analizado el coste-beneficio de los proyectos de recuperación de especies que se han extinguido localmente en diversos puntos de Nueva Zelanda y Australia. Con este sistema, los expertos pueden tener una idea de lo que puede ocurrir si en algún momento se confirman proyectos de recuperación de especies que se han extinguido en el conjunto del planeta (como el caso del mamut lanudo, el dodo, el lobo marsupial o el bucardo).

Sin negar que los trabajos de “des-extinción” -en los que se utilizan métodos de clonación o manipulación genética de embriones- pueden servir para hacer avanzar el conocimiento científico, los autores consideran que resucitar una especie puede ser una simple anécdota sin repercusión positiva global. Por una parte, la recuperación de un pequeño número de ejemplares de una especie extinguida no comporta la mejora de su hábitat original hábitat, como tampoco garantiza la supervivencia a largo plazo de la especie recuperada.

El bucardo o cabra hispanica del Pirineo es una de las especies que se ha intentado recuperar después de su extinción, hace casi dos décadas (WP)

Además, el problema más grave es que en la mayoría de los países, los recursos para la protección de la vida salvaje son limitados y se pueden ver perjudicados por la aparición de necesidades como la recuperación de especies extinguidas. En este sentido, Hugh Possingham, considera que si no aumentan los recursos económicos globales, los costes de trabajar en la des-extinción pueden poner en peligro las especies existentes, según una información difundida por la Universidad de Queensland.

El estudio que ahora se publica analizó el número de especies que los gobiernos de Nueva Zelanda y Nueva Gales del Sur pueden conservar con los presupuestos actuales y las especies que pueden ser recuperadas en hábitats en los cuales han desaparecido en los últimos años (extinción local).

Según estos expertos, para recuperar localmente 11 especies de animales haría falta tantos recursos como los que se dedican ahora a la protección de 31 especies que se encuentran actualmente en peligro. Es decir, que si no se aportan recursos complementarios, la resurrección de algunas especies puede provocar indirectamente la extinción de otras. JEC

Artículo científico de referencia:

De-extinction could cost the Eart. Joseph Bennett et al. Nature Ecology and Evolution. February 28, 2017. DOI:10.1038/s41559-016-0053

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